Con crecimiento de 4%, la carga tributaria s贸lo podr铆a bajar cinco puntos en 13 a帽os

El documento plantea tres escenarios con inflación en descenso, gasto real constante y gradualismo en metas de déficit. Con un 2% de suba del PBI, sería imposible avanzar

Con crecimiento de 4%, la carga tributaria s贸lo podr铆a bajar cinco puntos en 13 a帽os

La complicada situación fiscal que debe afrontar el Gobierno, con un déficit fiscal que se estima llegará este año al 6% del PBI, sumada a la política gradualista de reducción de este rojo para evitar ajustes bruscos que afecten a la población hará difícil proyectar una disminución en la carga tributaria en el corto plazo.

En pleno armado de la reforma que están diseñando en el Ministerio de Hacienda y que el Ejecutivo enviará al Congreso luego de las elecciones de octubre, la mayoría de los analistas descree de que pueda concretarse una baja sustancial de la presión impositiva. En este sentido, un informe realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) anticipó que con un gasto real que se mantenga constante y un crecimiento de 4%, en 13 años la presión tributaria podría bajar solamente cinco puntos del PBI. El análisis parte de una carga tributaria estimada para este año del 33% del producto.

Para realizar el estudio, la consultora que encabeza Argañaraz planteó tres escenarios posibles que prevén una inflación en descenso, una regla de mantenimiento del gasto primario constante en términos reales con distintas proyecciones de crecimiento de la economía y bajo la restricción de cumplimiento de metas fiscales razonables. También supone que se mantiene el nivel de incumplimiento tributario que existe actualmente.

Según el trabajo, si la tasa de crecimiento resultase baja (2%), el ratio gasto primario/PBI no se descomprime tanto, por lo que no habría espacio fiscal para una rebaja tributaria hasta dentro de una década, "momento en el cual podría pensarse en reducciones de la carga anuales de alrededor de medio punto del PBI, lo que dejaría la presión consolidada en un 31,6% del producto, valor que registraba en 2011".

A la vez, si la economía creciera 4%, sería compatible con una reducción de la carga tributaria a niveles similares a los observados en 2007, mientras que la presión impositiva podría alcanzar el 25% del PBI en 2030, si el crecimiento hasta ese momento fuese del 6%. Recién en ese caso lograría acercarse a la carga verificada en la Argentina en 2003, dice el informe. "El regreso a una presión tributaria efectiva del 21%, similar a la del promedio del período 1993-2000, requeriría un aumento del PBI real anual del 10% durante los próximos 13 años, algo totalmente imposible", añade el documento.

De esta manera, con un horizonte de reducción gradual de la inflación común a todos los escenarios, habrá una reducción de la proporción del producto que representa el gasto primario, y la caída será mayor cuanto más crezca el PBI.

En el ejemplo hipotético y tal vez más razonable de que la Argentina logra crecer al 4% desde el 2018, con un gasto primario constante en términos reales, el ratio con respecto al PBI pasaría del 24,5% de este año al 23,1% en 2018. Como consecuencia de ello, y considerando que con la misma presión tributaria que este año los ingresos nacionales resulten equivalentes a un 20,3% del producto, el resultado primario arrojaría un déficit de 2,8% del PBI, por lo que se sobrecumpliría la meta fijada del 3,2%. De esta manera, podría el Gobierno realizar una reforma tributaria en la que se resignen ingresos por un total de 0,4% del producto y aún así cumplir con el objetivo de déficit, aclara el informe.

Ante la necesidad de que las provincias y municipios acompañen en esta reducción de impuestos, el documento del IARAF plantea que esta misma línea de razonamiento puede aplicarse para las jurisdicciones, en tanto "éstas sigan los mismos lineamientos de comportamiento fiscal supuestos para el fisco federal".

El informe también plantea la necesidad de un crecimiento sostenido del producto para contar con cierto margen para una reforma fiscal, manteniendo el gasto real constante.

Fuente. El Cronista


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